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¿Cómo y qué plantar en los terrenos incendiados?

“La convención silvicultural abre las opciones de reforestar todo lo quemado de una vez, o reforestar por cupos distribuidos en superficies que ajusten, más o menos, la edad de rotación a la superficie disponible”.

La pregunta que se plantea evoca el proverbio “los árboles no dejan ver el bosque”, todo ello porque en rigor el viejo proverbio induce dos perspectivas para visualizar un bosque; desde la altura, lo cual permite apreciar un panorama más encuadrado en lo que pudiese llamarse escala de paisaje, y otro desde el piso del bosque, con lo cual la mirada pone toda su atención en los árboles individuales y no en el bosque en su conjunto.

Por eso los gerentes forestales en Chile tienen entre sus manos un menudo problema. Se enfrentan al clásico esquema de los bosques mono específicos compuestos por rodales coetáneos, en los que el sistema de cosecha y regeneración más eficiente es la tala rasa y por lo tanto frente a las vastas extensiones quemadas, en que a diferencia de los bosques compuestos por rodales multietáneos (como la pluviselva valdiviana) en los cuales vuelo y suelo integran una identidad y nunca se aprecia el suelo desnudo como ocurre con los bosques coetáneos en los cuales después de cada rotación, se aprecia el suelo en toda su magnitud.

Ante lo anterior, la convención silvicultural abre las opciones de reforestar todo lo quemado de una vez, o reforestar por cupos distribuidos en superficies que ajusten, más o menos, la edad de rotación a la superficie disponible, de modo de asegurar un flujo de cosecha sostenida de aproximadamente los mismos volúmenes anuales. La reforestación por cupos deja superficies sin reforestar, lo que tiene como consecuencia un lucro cesante de la tierra y por otra parte la posibilidad que dichos terrenos sean recolonizados por regeneración natural de incierta calidad genética o por matorrales y vegetación menor que a su tiempo encarecerá el establecimiento de los nuevos rodales.

La Silvicultura del Siglo XXI, un sistema silvicultural que privilegia los elementos estructurales de bosques multietáneos y multiespecíficos para preservar valores ambientales asociados con la estructura de los bosques originales está centrada en prescripciones orientadas a bosques de propiedad pública. Pero no sólo eso, efectivamente la provisión de bienes múltiples genera múltiples problemas, aún en bosques de propiedad pública, ya que los recursos financieros para su

mantención no son ilimitados, tal que entre los especialistas aún no terminan de ponerse de acuerdo, pues se debate entre su rentabilidad social y privada y, por ello, su sostenibilidad y la disponibilidad de medios y tecnologías adaptadas a trabajos en áreas restringidas y con extracción de entresaca.

Para el caso de la reforestación de los terrenos privados devastados por los incendios, desde el punto de vista de las políticas públicas será necesario actuar con prudencia si no se quiere cosechar efectos adversos. En rigor, como ocurre en todas partes del mundo donde existen los bosques privados, los propietarios tienen la potestad de plantar lo que quieran y virtualmente como quieran. No se trata de decisiones voluntaristas; la decisión de cómo y qué plantar está conformada por un conjunto de consideraciones que van desde aspectos de silvicultura de precisión, mejoramiento genético de especies probadas, tecnología y plasticidad de las especies seleccionadas para ser utilizadas en más de una opción tecnológica y su adaptación a la industria existente, normalmente de altas inversiones y de demandas altamente específicas con respecto a la materia prima. Es cierto, las políticas públicas dentro de ciertos límites, y también la comunidad, a través de los medios que hoy brindan los medios e instrumentos de las redes sociales y una sociedad más informada y empoderada, puede influir en esas decisiones.

Por lo anterior, la forma de cómo proceder a la reforestación de las áreas incendiadas por su pertinencia es a través de los sistemas de Certificación de Manejo Forestal Sustentable. Podrían también resultar pertinentes y en forma complementaria, las recomendaciones surgidas del modelo de Plantaciones de Nueva Generación promovida por el WWF. Ellas aseguran la sustentabilidad biótica del complejo plantaciones suelo medio ambiente, pero también la sustentabilidad financiera entroncada en la realidad de las relaciones bosques e industria procesadora sintonizada y adaptada a las características de una materia prima en el tiempo y en las adaptaciones genéticas introducidas.