La institucionalidad forestal, más que burocracia, un desafío

Como muchas cosas en Chile la actual institucionalidad forestal nace como una solución transitoria que casi se transformó en permanente. Se creó el 13 de abril de 1973 como una institución autónoma del Estado chileno, bajo la figura de una corporación de derecho privado, dependiente del Ministerio de Agricultura de Chile, encargado de administrar la política forestal chilena, fomentar el desarrollo del sector, combatir incendios forestales y administrar áreas silvestres protegidas como parques y reservas nacionales.

Muchos parlamentarios y políticos, especialmente cuando los problemas tienen mucha visibilidad y abren oportunidades para aparecer en la agenda, anuncian proyectos de ley relativos al sector forestal, desde la ignorancia. El proyecto de nueva institucionalidad, el Sernafor, corre riegos en esas circunstancias.

Recientemente se lee que a un grupo de senadores les parece “incomprensible que el Ministerio de Agricultura y Conaf hayan sido incapaces de establecer regulaciones mínimas para forestales que aseguren sustentabilidad y protección a las comunidades”.

Aún más, un senador propuso un proyecto para que las forestales “se responsabilicen de la prevención y riesgos de incendios y de los efectos que produce el monocultivo en los cursos de agua”, algo que denota un enredo total y mezcla temas que corren por carriles separados.

Aquellos parlamentarios y políticos nunca han oído de los sistemas de certificación del manejo forestal sustentable que obliga a las compañías y a los propietarios forestales a considerar las comunidades aledañas. Tampoco saben de los enormes costos en que incurren anualmente para proveerse de los equipos y personal de defensa contra el fuego ni de las ingentes sumas de dinero que ellas aportan para colaborar con Conaf en el caso de incendios. Tampoco han oído de los “free riders”, aquellos propietarios de bosques que se cuelgan de los sistemas de protección de algunas compañías para que éstas apaguen los incendios sin ellos tener que poner un peso.

Este nivel de desinformación se basa aparentemente en el fenómeno que hace bastante tiempo un columnista tituló “los bosques crecen en silencio”, es decir crecen sin estorbar, sin generar ruidos y sin contaminar, pero también en quienes plantan y manejan los bosques y no hacen alarde de su propio trabajo.

A diferencia de muchos emprendimientos, los bosques, aunque la prensa y el público en general tienden a pensar en el conjunto de mitos sin fundamento técnico o científico que los satanizan, objetivamente solo producen beneficios.

El tema del paisaje es debatible, pues es estético, y donde muchos vemos bosques, ojos radicalizados ven desiertos verdes. Plantar bosques no es solo arbolitos en la tierra y esperar, manejar bosques no se trata sólo de cortar un árbol por aquí y otro por allá, controlar incendios no se reduce a esperar que pasen helicópteros y supertankers, custodiar el patrimonio forestal del Estado es mucho más que controlar la entrada de visitantes a los parques nacionales.

Y aunque las vocerías y campañas, tanto de las compañías privadas como de la propia Conaf, se escuchan con descrédito, la carencia de un nivel de institucionalidadpública adecuado, entre otras consideraciones, puede ser la causa del desmedro de un sector que da empleo a un 14% de la población activa del país y que sin dudas representa el más grande sumidero de carbono para apoyar los compromisos que eventualmente asuma el país en relación con el cambio climático y el Acuerdo de París, sin mencionar la actividad productora de bienes con valor agregado y orientada a la exportación. No puede ser que la conducta reprobable de un puñado de ejecutivos descalifique el aporte de miles de personas, empresarios, ejecutivos, profesionales, académicos, científicos, técnicos, operarios y otro personal de servicio, comprometidos con el país y su trabajo.

A lo largo de estos últimos años recurrentemente se ha ido tratando de modificar la institucionalidad forestal al cambiar el estatus de Conaf al de un Servicio Forestal del Estado, lo cual es bueno, pero insuficiente a la luz de lo expuesto.

Un Servicio Forestal supeditado a una Subsecretaría Agrícola de una naturaleza y razones muy distintas pone de relieve la necesidad de considerar una estructura institucional coherente y con el peso político que vincule al sector forestal a los niveles superiores de la administración pública, no se trata de generar estructuras burocráticas, sino efectivas y con el adecuado balance político. No vaya a ser que por apurar mucho un proyecto parcial una vez más perdamos la posibilidad de tener una institucionalidad forestal completa para los tiempos que vienen.