De Nomenclatura y Etiquetas

La industria forestal ha estado haciendo bien las cosas. Los sistemas de certificación forestal avalan esto y ponen de manifiesto que el manejo forestal es sustentable.

En el segundo semestre del presente año, se habrá completado, después de la venidera ExpoCorma,  una secuencia de mega-eventos como lo fue la Semana de la Madera. Estas dos actividades tienen como propósito no sólo relevar las actividades asociadas a su principal acción, que en el caso de la Semana de la Madera es la aplicación de este noble material a la construcción y a las remanufacturas y a la actividad en los bosques y la industria forestal como es el caso de ExpoCorma, sino también mostrar la cara amable del sector forestal.

Esta industria, así como otras actividades de la economía nacional, ha sido objeto y blanco de críticas y acusaciones infundadas. Se inscriben en un sentimiento anti-empresa y anti-emprendimiento, sin reparar entretanto en que los emprendimientos forestales tienen periodos de gestación y planificación largos y complejos y que para materializarlos deben cumplir con una serie de aprobaciones oficiales extendidas por organismos competentes del Estado.  La mayor parte de las veces, por no decir siempre, en terrenos marginales para proyectos agrícolas, con lo cual se incorporan a la actividad económica tierras que de otra forma estarían ociosas y degradándose, además de generar beneficios sociales como el empleo.

Las críticas y rechazo al sector, así como en general a la empresa, surgen de grupos minoritarios muy ideologizados,  pero que tienen una gran caja de resonancia en la sociedad que acoge su nomenclatura y etiquetas, sus slogans en forma irreflexiva. Los “árboles vampiros”, las plantaciones y  la acidez de los suelos, los desiertos verdes, la concentración, el agua, la pobreza rural, entre muchas otras, son etiquetas y nomenclatura que no tienen nada que ver con la realidad y que han sido desmitificadas por estudios científicos y sociales y por la indesmentible y contrastable realidad. Eso en otras palabras  se traduce en que las cosas se llaman por su nombre y no con cambios de nomenclatura y de mensajes positivos que no son más que etiquetas.

Organizaciones no gubernamentales, universidades, asociaciones gremiales y diversos medios de comunicación asociados al sector forestal  han estado planteándose las acciones y estrategias para remediar el problema planteado, es decir cómo comunicar mejor.  Hasta aquí ha sido una especie juego de toma y daca donde la supuesta sociedad civil, representada por esa minoría,  ataca y hace que la industria que se defienda. Actividades como la Semana de la Madera y ExpoCorma  han contribuido a generar  espacios de comprensión en el rol que le ha cabido a las plantaciones y al que hacer de la industria en general, la mitigación de los impactos ambientales que pivotan cerca de centros poblados, se han resuelto con la comprensión de parte de la industria y de las capacidades técnicas y científicas que están solucionando esos problemas. Esas son acciones positivas que se traducen en mensajes positivos.

La industria forestal ha estado haciendo bien las cosas. Los sistemas de certificación forestal avalan esto y ponen  de manifiesto que el manejo forestal es sustentable, en todo lo que eso significa en términos económicos, sociales y ambientales, pero esto no es noticia, como las buenas acciones sociales, no lo son en la prensa en general;  pero cada traspié, cada accidente, cada acción menor  se traduce en una imagen y etiqueta que influencia  a la opinión pública inadvertida y a través de eso el ambiente político, económico y social. Con todas sus lamentables consecuencias.

En Lignum hemos estado alertas y nos preguntamos recurrentemente: ¿Qué  debemos  comunicar? ¿Cómo podríamos comunicar mejor? ¿Cómo podemos llegar a audiencias ampliadas? Una de las respuestas es, ser una parte efectiva  del  engranaje sectorial. Difundir asociativamente los mensajes aparentemente simples que generan las actividades sectoriales,  y no sólo como medio escrito, sino ampliando nuestra  audiencias relevantes a través de los medios digitales y las redes sociales. Como organismo independiente del sistema podemos generar credibilidad y contribuir a llamar las cosas por su nombre y sin etiquetas.