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Sismos y construcción en madera

Esta es la segunda de una serie de columnas destinadas a dar a conocer los aspectos más destacados de la construcción en madera en Chile.

Por: Eduardo Morales, ingeniero forestal, M.Sc. y director de Revista LIGNUM

A diferencia de lo que ocurre en otros países, los chilenos distinguen temblores –sismos de pequeña a medina intensidad- y terremotos -sismos de gran intensidad-. Las estadísticas indican que el país experimenta un gran terremoto cada diez años. Por ello la materialidad de la construcción y las normas que la regulan tienen una gran importancia.

El terremoto del 22 de Mayo de 1960, tuvo grandes repercusiones, no solo para los sismólogos que vieron sacudirse la tierra como nunca lo había hecho, sino también para los legisladores que iniciaron el estudio de la que sería la primera norma de diseño sísmico para las edificaciones en el país. Desde entonces las normas chilenas prevén tres tipos de terremotos en función de su intensidad: A) Para los temblores las construcciones se mueven y vuelven a su posición original sin daños. B) para los temblores fuertes aparecen pequeñas fisuras y deformaciones. Y C) para los terremotos se registran daños de consideración, eventualmente irreparables, pero que no causan el colapso de la construcción.

En Chile, seis años después del magno terremoto, se inició el estudio y desarrollo de la Norma NCh 433 Diseño Sísmico de Edificios, la que se oficializa recién el año 1972. De las posiblemente 45 o más normas relativas a la construcción y la regulación antisísmica, 19 se refieren explícitamente a aspectos de materiales de construcción y madera. La NCh 433 a los largo de su existencia ha sufrido modificaciones y actualizaciones, siendo las principales las del año 1996 y la actualización, vigente, de 2009.

“Desde el punto de vista estructural el entramado en madera distribuye todos los esfuerzos horizontales y verticales consistentemente en la estructura.”

Lamentablemente la legislación y normativa chilena hasta el presente, no da igual consideración a la madera que a otras materialidades, especialmente el hormigón, ello porque la resistencia de los edificios ante eventos sísmicos está basada en el comportamiento de ese material y no en las propiedades intrínsecas de la madera, la cual puede deformarse en una mayor amplitud sin afectar su estructura. Ello ha llevado a varios centros de estudio y académicos a considerar y proponer modificaciones a la norma chilena sobre el diseño resistentes a sismos de edificios, la fundacional NCh433.

Otra norma que tiene especial incidencia en la construcción antisísmica de maderas en Chile, es la NCh 1198: Madera – Construcciones en Madera – Cálculo. Esta impone restricciones que se traducen en que edificios estructurados con muros de madera, lo que hace que la normativa sea muy difícil de cumplir. Por ello, su modificación es imperativa. Para ello los centros de estudio y académicos han establecido programas experimentales de desarrollo que consideran analizar los sistemas estructurales de madera y posteriormente modelar edificios para verificar su comportamiento. Estos modelos se calibrarán con los resultados experimentales.

La experiencia factual señala que las construcciones en madera resisten mejor los sismos. Hay dos razones fundamentales; la primera es que en Chile se utiliza ingeniería estructural de alta calidad y las normas son adecuadas y, como se ha reseñado, sometidas permanentemente a revisión y modificación cuando sea recomendable.

En resumen se puede señalar que la construcción en madera provee innumerables ventajas frente a los sismos, aún cuando la normativa se esté perfeccionando, ya que la menor masa de la madera conlleva un menor compromiso estructural en caso de sismos. La madera, por otra parte, es un material de naturaleza flexible, justo lo contrario del hormigón. Desde el punto de vista estructural el entramado en madera distribuye todos los esfuerzos horizontales y verticales consistentemente en la estructura; la construcción en madera desde un punto de vista ambiental, genera mucha menor emisión de carbono a la atmósfera por un menor uso de energía en la generación y fabricación de sus componentes, y finalmente desde un punto de vista del uso de la energía y su habitabilidad, tiene mucho mejores propiedades de eficiencia energética y aislación.


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