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La inversión extranjera directa y la transferencia del know how

“Para dotar al sector forestal de una mayor productividad laboral e instalar más capacidades tecnológicas, comerciales y productivas, la inversión extranjera directa por sí sola no basta”.

Por: Juan Jose Obach, ingeniero comercial PUC y master en administración pública de Harvard.

A finales de enero de este año la compañía estadounidense Hancock Timber Resource Group (HTRG) cerró la adquisición de 12.250 hectáreas de bosques en el sur de nuestro país, consolidando de esta manera su presencia en el sector forestal chileno. A la fecha HTRG, el mayor administrador mundial de inversiones en madera de capital privado, administra más de 75 mil hectáreas de bosque en el país, posicionando a Chile como uno de sus principales destinos de inversión.

Estas son buenas noticias tanto para el sector forestal como para la economía chilena en general. Inversiones como las de HTRG sugieren que el país goza de un clima de negocios favorable y que el sector forestal sigue siendo uno de los principales motores de crecimiento del país. Sin embargo, para dotar al sector forestal de una mayor productividad laboral e instalar más capacidades tecnológicas, comerciales y productivas, la inversión extranjera directa por sí sola no basta.

Es importante generar mecanismos para que el know-how forestal alojado en las grandes empresas como HTRG sea transferido a la economía local y, de esta manera, mejorar la productividad y rentabilidad de los bosques plantados por productores locales, en especial la de pequeñas y medianas empresas.

La transferencia de conocimiento productivo no es algo sencillo. Gran parte del conocimiento productivo alojado en las empresas y en los trabajadores es tácito. Es decir, no es codificable ni transferible. Como decía el filósofo e historiador húngaro Karl Polanyi: “Sabemos más de lo que podemos decir”.

Bajo esta premisa, la transferencia de conocimiento productivo desde grandes empresas forestales como Weyerhauser, Georgia Pacific o HTRG hacia productores más pequeños no se generará de manera espontánea, sino que requiere de esfuerzos que promuevan la coordinación público-privada o privada-privada.

Un claro ejemplo de cómo puede promoverse la transferencia de conocimiento de un país a otro puede encontrarse en la industria de la confección textil en Bangladesh.

A finales de los 70’s la industria textil de este país era casi inexistente. Sin embargo, en 1978 la empresa Desh Garments realizó una alianza estratégica con la empresa coreana Daewoo, enviando 126 trabajadores para que se entrenaran en Corea por 6 meses.

Al año 1988, estos 126 trabajadores habían creado en total 56 empresas spin-off. Al 2016, con US$ 38.000 millones en exportaciones, Bangladesh es uno de los principales proveedores internacionales de prendas de vestir.

¿Qué lecciones puede aprender el sector forestal chileno de este ejemplo? Primero, aprovechar la llegada de empresas extranjeras como HTRG para aprender de nuevos procesos productivos y dotar a productores locales de ese conocimiento.

Corma puede jugar un rol importante en facilitar la coordinación entre estos actores. Segundo, el estado debería diseñar políticas públicas que incentiven el entrenamiento de trabajadores locales en las casas matrices de empresas extranjeras como en el ejemplo descrito anteriormente.

Por último, los grandes empresarios del sector deberían mirar con buenos ojos que tanto sus altos ejecutivos, profesionales o técnicos especializados quieran emprender, eliminando cláusulas de no competencia u otros mecanismos que frenen el espíritu emprendedor de sus trabajadores.

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