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Ecoeficiencia: otra forma de conservar

“Una forma eficaz de conservar sería actuando directamente sobre las presiones de demanda productiva, sin limitarse a traspasar sus efectos de un lugar a otro”.

La preocupación por la conservación de ecosistemas forestales – y de ecosistemas en general- ha ido tomando un lugar prominente entre las inquietudes y actividades del mundo actual. Ello obedece a una mayor conciencia por parte de la sociedad respecto de la relevancia de los temas ambientales, lo que se ha traducido en influencia hacia los tomadores de decisiones y un consecuente mayor respaldo hacia iniciativas de conservación.

Sin embargo, muchas de éstas, en especial las del ámbito forestal, están asociadas a la localización física de los ecosistemas que se busca conservar; y, en general, son una sumatoria de iniciativas puntuales.

Pero esta forma de enfocar el problema soslaya un dato muy importante: la mayoría de los requerimientos de conservación se producen como respuesta a las presiones que provienen de las necesidades productivas, las que a su vez responden a necesidades de las personas. Así, si estas necesidades productivas no se delimitan o no se expresan de manera distinta, al buscar la protección de ecosistemas localizados las presiones principalmente se desplazan hacia otro lugar o ecosistema, donde eventualmente podrían ser, incluso, más perjudiciales.

Una forma de conseguir eso es logrando incorporar en los costos visibles de los procesos todos o gran parte de los costos ambientales y sociales que no se encuentran incorporadosllamados externalidades-, situación muy frecuente en impactos ambientales tales como la contaminación. Al reflejar estos en los precios, se produce una regulación y contención de la demanda. Sin embargo, lograr esto puede ser un proceso largo y difícil en muchos casos.

De lo anterior se desprende que una forma eficaz de conservar sería actuando directamente sobre las presiones de demanda productiva, sin limitarse a traspasar sus efectos de un lugar a otro. Esto no es otra cosa que buscar la máxima eficiencia de los procesos productivos que demandan recursos naturales. Es decir, ecoeficiencia: hacer lo mismo con menos recursos o hacer más con los mismos.

Esta forma de ver la armonización de lo ambiental con los requerimientos productivos, abre un amplio espacio para aplicar la tecnología en busca de procesos más eficientes y más limpios, al tiempo que permite entender que, al hacerlo, no sólo se logran aportes económicos y sociales relevantes, sino, muy especialmente, aportes ambientales; lo que le da su verdadero sentido de sustentabilidad a la búsqueda de la eficiencia y la productividad.

Con esta mirada, las instituciones que generan investigación aplicada para el ámbito agrícola y forestal, como el Instituto Forestal, el INIA y las universidades, pueden desempeñar un rol central, fortaleciendo significativamente el desarrollo de innovaciones y procesos focalizados en lograr mayor eficiencia y productividad, teniendo la seguridad de que estas actividades cumplirán el triple propósito –ambiental, social y económico – de avanzar hacia el desarrollo sustentable y asumiendo, desde luego, que el camino de la ecoeficiencia es otra forma de conservar.

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