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Automatización: desafío para la productividad y el empleo sectorial

“Se está creando un escenario de alta conflictividad y sensibilidad social con aristas de difícil solución”.

A comienzos de 2017 el McKinsey Global Institute (MGI) publicó el estudio “A future that works: Automation, employment and productivity” informando los efectos de la automatización del trabajo sobre el empleo y la productividad en 54 países, cuyos resultados han preocupado a nivel mundial. Corresponde a una estimación basada en la capacidad tecnológica actual (proyección según programas y robots de hoy con ventajas comparativas en la competencia por puestos de trabajo), sosteniendo que al 2055 la mitad de las ocupaciones presentes estarán automatizadas.

La investigación refleja que 3,2 millones de empleos en Chile (49% del total nacional) serían asumidos por sistemas automatizados en los próximos 20-40 años. Si ello lo pretendemos acercar a nuestra realidad forestal y maderera, el MGI expresa que la Manufactura nacional

tiene aún un 64% de potencial automatizable (afectaría a 601.300 trabajadores con US$ 6.7 mil millones en sueldos); mientras que en Agricultura, Silvicultura, Caza y Pesca el potencial automatizable sería 52% (293.000 trabajadores y US$ 3.7 mil millones menos). Como resultado país, el cumplimiento del potencial automatizable en Chile involucraría un ahorro cercano a US$41 mil millones.

A su vez, está la conveniencia del cambio para empresas donde la automatización elevará la productividad, además de mejorar resultados, la calidad de sus productos y la velocidad de elaboración. El MGI estima que la automatización hará crecer 0,8-1,4% la productividad anual (cifra sorprendente, comparada con la máquina de vapor que elevó la productividad en 0,3% anual entre 1850 y 1910; mientras que en 1995-2005 ésta creció 0,6%/ año a causa de computadores e inteligencia artificial).

No obstante las proyecciones, el reemplazo real y paulatino de puestos de trabajo por robots, otras máquinas o programas dependerá de factores múltiples no fácilmente predecibles. Sin duda que el proceso será enfrentado por organizaciones de trabajadores, gremios empresariales y políticas estatales para proteger el empleo (en un contexto de pensiones insuficientes, envejecimiento y alto desempleo juvenil), a pesar que la automatización libera a las personas de cargas de trabajo nocivas para la salud física y mental. Se enfrenta la necesidad de una alta reconversión de trabajadores mediante formación continua para desarrollar nuevas competencias que mantengan la empleabilidad (sólo 5% de las profesiones serían no automatizables. La inteligencia artificial reemplaza trabajo manual creando nuevas profesiones).

Es un tema de creciente reflexión internacional aún no debatido en Chile. El economista Sebastián Edwards expresó recientemente…“Sólo aquellos países que adapten su legislación laboral, su sistema educativo, su infraestructura y sus instituciones aprovecharán en forma cabal esta revolución tecnológica. Y lo decepcionante, terrible y trágico – porque no hay otra manera de ponerlo – es que en Chile se han aprobado dos grandes reformas – educacional y laboral – sin tomar en consideración este verdadero tsunami”.

Chile está en deuda frente al problema, careciendo de fuerzas de tareas interinstitucionales que estén estudiando debidamente el tema. A la falta de consideración en reformas laborales y educacionales, también se obvia el aumento inorgánico de la mano de obra proveniente de la inmigración no controlada al país. Se está creando un escenario de alta conflictividad y sensibilidad social con aristas de difícil solución para implementar políticas nacionales eficaces que también afectará al sector forestal.


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