(Emol.cl) ¿La economía y el medio ambiente reconciliados por el premio Nobel? El galardón atribuido el lunes en Estocolmo refleja en cualquier caso la relación cada vez más estrecha entre el cambio climático y la investigación económica de alto nivel. El debate en Chile, tampoco ha quedado rezagado.


La Academia Real de Ciencias, al galardonar a los estadounidenses William Nordhaus y Paul Romer con el “premio del Banco de Suecia en ciencias económicas en memoria de Alfred Nobel”, recompensó los trabajos que han “ampliado de manera significativa el campo del análisis económico construyendo modelos que explican cómo la economía de mercado interactúa con la naturaleza y la innovación”.

William Nordhaus, en particular, es considerado pionero del modelo que integra el cambio climático. Es decir, construyó ecuaciones que permiten dar cuenta de los efectos del medioambiente sobre la economía y viceversa.

El economista es también un ferviente partidario de que los gobiernos apliquen un sistema para gravar las emisiones de carbono. Aunque esta recompensa, que coincide con una nueva advertencia de los expertos del clima de la ONU (IPCC), tiene un eco particular, los economistas en realidad se han interesado por la naturaleza desde siempre, aunque su visión haya evolucionado con el paso de los siglos.

En el siglo XVIII, los “fisiócratas”, precursores de la ciencia económica moderna, no se planteaban la preservación de los recursos naturales cuando estudiaban la producción agrícola francesa. Para ellos, la tierra, la naturaleza, eran recursos que había que explotar al máximo.

Un poco más tarde, el pastor anglicano Thomas Malthus fue uno de los primeros en tomar en cuenta el carácter limitado de las tierras agrícolas, lo que lo lleva a abogar por el control la natalidad. Pero fue principalmente en el siglo XX, con la revolución industrial y la multiplicación de las fábricas, cuando los economistas empiezan a interesarse por el medioambiente.

En la década de 1920 nació así el principio “contaminador/pagador”, en los trabajos del economista británico Arthur Cecil Pigou. Pigou consideró la contaminación como una “externalidad negativa”, un costo para la sociedad en general, y según él había que corregirlo mediante un impuesto a las empresas responsables, para garantizar un buen funcionamiento de la economía de mercado.

La “cierta resistencia”

A partir de la década de 1970 se desarrolló un enfoque más global, más crítico, de la relación entre crecimiento económico y medioambiente. Esta visión llevó al “Informe Brundtland”, redactado en 1987 bajo el auspicio de la ONU, que reconoce la noción de “desarrollo sostenible”: la búsqueda de un crecimiento económico más justo y más respetuoso con el medioambiente.

En adelante, ya no se piensa en la naturaleza sólo a nivel de las empresas o de los consumidores, en términos de “costo” o “beneficio”. El cambio climático se tomó en cuenta en el estudio de las grandes fuerzas económicas, a través de las ecuaciones complejas y de las teorías sofisticadas. El economista Joseph Stiglitz, premio Nobel en 2001, aboga, por ejemplo, desde hace varios años por revisar el cálculo del Producto Interno Bruto (PIB) para integrar mejor el impacto del crecimiento económico sobre la naturaleza.

“Hubo cierta resistencia (…) por parte del público que tenía preocupaciones medioambientales y que consideraba que tratarlas con un enfoque económico era una herejía”, explicó a la agencia AFP Mireille Chiroleu Assouline, profesora en la universidad de París I (Sorbona) y vicepresidenta de la Federación francesa de Economistas y Medioambiente.

“Hablar de ‘valor’ de la naturaleza todavía puede ser muy mal entendido por ejemplo. Pero es una manera de relacionar el problema con la vida económica”, alega.

Debate en Chile Esta discusión ha vuelto a estar encima en el debate público, tras los episodios de contaminación ocurridos en Quintero y Puchuncaví. Tanto el ministro de Economía, José Ramón Valente, como la titular de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, enfatizaron que este Gobierno no se permitirán inversiones que no sean sustentables.

“Lo que se refiere la ministra Schmidt es bien consistente… que al final uno no puede transar el medio ambiente con el desarrollo, tiene que compatibilizar ambos… Si aquí hay empresas que no están cumpliendo con la normativa, están depredando el medio ambiente, esas empresas están en riesgo de eventualmente ser cerradas hasta que cumplan con la normativa que se les está exigiendo”, afirmó el secretario de Estado. Este mismo debate se dio también en el gobierno recién pasado de Michelle Bachelet, luego que el Comité de Ministros, encabezado por el entonces titular de Medio Ambiente, Marcelo Mena, rechazara el proyecto minero portuario Dominga. Ese hecho generó un verdadero quiebre al interior de La Moneda, terminando con las renuncias del ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, el ministro de Economía Luis Felipe Céspedes y del subsecretario de Hacienda, Alejandro Micco.

“Constato que algunos no tienen el crecimiento dentro de las prioridades más altas y les cuesta a veces tener una compatibilización con otros objetivos que son muy importantes también, y eso ciertamente, hace más difícil nuestro trabajo”, comentó Valdés en agosto de 2017. Mientras que la Presidenta Bachelet enfatizaba su prioridad: “necesitamos que el crecimiento vaya de la mano con el cuidado del medio ambiente. Hablaba de la economía verde y la economía azul, porque hay gente que cree que si uno se preocupa por el medio ambiente la economía no va a poder seguir creciendo… Y sí puede, solo hay que ponerse otros anteojos”