(El Mercurio) Una de las metas de desarrollo sustentable de Naciones Unidas es llegar a 2020 sin deforestación, pero las cifras son poco auspiciosas. A pesar de que en marzo de 2017 cerca de 450 compañías de todo el mundo acordaron tener una política de producción “deforestación cero”, la desaparición de los bosques ha continuado ininterrumpidamente. Diferenciar lo que se perdió definitivamente de lo que se puede recuperar es la nueva forma de enfrentar el problema, plantea un trabajo publicado en la última edición de la revista Science.

El equipo de investigadores encabezado por Philip Curtis, de la Universidad de Arkansas, en Estados Unidos, utilizó imágenes satelitales y de Google Maps para lograr identificar a los responsables de la deforestación en el mundo. Solo el cambio de uso de suelo para la producción de commodities , como la palma de aceite, entre otros, es responsable del 27% de los bosques degradados, asegura el estudio. Esa pérdida no solo es permanente, sino que además la tasa con la que se sigue talando el bosque parece no ceder. Entre 2001 y 2015 se perdieron cinco millones de hectáreas anualmente solo por esta causa.

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Los otros factores que presionan la pérdida de bosques son la industria forestal, responsable del 26%; la agricultura con 24%, los incendios forestales con otro 23%; y, por último, la urbanización con 0,6%.

Si bien estos datos se conocían parcialmente, es bueno tener una visión global como la presentada en el estudio, asegura Aníbal Pauchard, director del Laboratorio de Invasiones Biológicas y académico de la U. de Concepción.

En este sentido, el trabajo destaca que específicamente en Latinoamérica la industria forestal es responsable del 26% de la pérdida de bosques y en el caso de Chile ella aparece como el mayor factor. “El impacto de la industria forestal siempre ha sido controvertido, porque para algunos no existiría pérdida de superficie de bosques. El problema es que ellos son artificiales”, explica el investigador.

Entender estos cambios es importante, se lee en el estudio, porque de esta manera los gobiernos pueden ir ajustando sus políticas de conservación y, además, buscar complementarlas a nivel regional.

En este contexto, Chile está mucho mejor que el resto de los países de Latinoamérica, sobre todo por la información que posee sobre el problema, pero muy lejos del manejo que tienen los países desarrollados. “Como todavía el país está en etapa de crecimiento industrial, es mucho más complejo enfrentar la deforestación. Por ejemplo, la mayoría del proceso productivo en Europa se ha tercerizado a países en desarrollo, dejando espacio para recuperar una parte de los bosques en su propio territorio”, explica el científico.