(Diario Financiero) Hace menos de un mes el Congreso despachó la ley que prohíbe la entrega de bolsas plásticas en el comercio, normativa que originalmente se restringía a la Patagonia Chilena, pero que el Senado y el Ejecutivo amplió a todo el territorio nacional. Una nueva normativa que no ha estado exenta de polémica y que pone a los materiales de rápida degradación en el centro de la discusión.

¿Quién asume el costo de la nueva bolsa? es una de las interrogantes que abre la normativa.

Si se considera que el objetivo de la ley es el cuidado y preservación del medio ambiente, evitando la contaminación, por la degradación del material o bolsa, el papel se alza como la mejor opción al plástico. Pese a ser considerando uno de los más resistentes y en caso de ser fabricado con material reciclado, de menor costo ambiental, no lleva la delantera en su utilización en el retail chileno, donde las opciones son materiales compostables.

Quienes sí han optado por el papel ha sido Cencosud, a través de su cadena París, donde se entregan bolsas de papel certificado, fabricadas de un material biodegradable y extraído de manera responsable en términos sociales y medioambientales; un material que la empresa asegura es hasta tres veces más costoso que el plástico y que ha significado una inversión de tiempo, recursos y organización en gastos operacionales. ¿El plus? No traspasar este costo al consumidor, asumiéndolo la empresa en su totalidad.

Cobro extra

Diferente es el caso de Unimarc, de SMU, donde la adopción de bolsas de papel se ha traducido en mayor costo para el cliente, quien debe pagar entre $ 150 y $ 200 por cada una. El material se suma al trabajo gradual de reducción de bolsas plásticas de la firma, que inició el 2014 en Pucón, para luego expandirlo a 40 comunas del país. Los resultados, aseguran desde SMU, se traducen en haber evitado la entrega de 355 toneladas de plástico.

Walmart, en tanto, tiene una política similar, donde su oferta se amplía a bolsas de tela, bolsas para carros –un set de cuatro bolsas que se disponen al interior del carro de supermercado, y que permiten clasificar las compras desde que se retiran de la góndola-, y finalmente, un carro de arrastre. A ellas se suma la “bolsa garantizada”, producto que puede ser reemplazado por uno nuevo, en caso de presentar daños.

A su vez, cuando un municipio dispone la eliminación de las bolsas plásticas en supermercados, durante el primer mes activan la “Campaña 1+1”: por cada bolsa reutilizable que los clientes compran, Walmart obsequia otra. Un programa cuyo impacto alcanza 115 locales en el país y que ha permitido la reducción de más de 900 toneladas de plástico.

Tottus, por su parte, ha implementado entrega bolsas reutilizables y compostables, a base de almidón de maíz, cuyo costo lo asume el consumidor.

Diferente es el caso de las empresas más pequeñas, como Natura, las como parte de su lógica empresarial utilizan papel y cartón, que a su vez está hecho con un porcentaje de material reciclado, esfuerzos que son parte de los costos de operación de la firma.

Similar es experiencia es de la The Body Shop, firma que ha asumido el costo de sus bolsas de papel, que mensualmente suman hasta 12 mil unidades, cuyo material cuentan con certificación del Consejo de Administración Forestal, que asegura que los bosques de los que provienen son bien manejados, y proporcionan beneficios ambientales, sociales y económicos.

“Los materiales que reemplazan al plástico deberían ser normados”

Eliminar la entrega de bolsas plásticas es un paso, pero no asegura un cuidado al medio ambiente; hacer solo bolsas de papel o algodón, tampoco. Eso es lo postula Carlos Manzano, académico del Centro de Ciencia Ambiental de la Universidad de Chile, quien postula que la ley debería perfeccionarse e incluir a los procesos de fabricación de otros materiales.

Para él, si bien la nueva Ley es un avance positivo en materia de cuidado ambiental, el problema va más allá de la degradación. “El problema no son tanto los tiempos de degradación, porque comparado con el plástico, el papel y algodón siguen siendo más rápidos, es el consumo de recursos en la fabricación”, comenta Manzano. Eso sí, no se refiere a todos, sino a los procesos de confección tradicional con materias de fibra virgen, en donde las emisiones totales de la producción, el consumo y la bolsa, lo que se conoce como el ciclo de vida, generaría más impacto negativo al medio ambiente. No es lo mismo, dice, cuando se confecciona con material reciclado, proceso en que las emisiones disminuyen muchísimo.

Para solucionar este problema, Manzano propone que regule los materiales de los cuales estén hechas las nuevas bolsas. “Los procesos de fabricación de los materiales que reemplazan al plástico también deberían ser observados y normados con cuidado, que sean procesos de bajas emisiones. Sería un buen complemento a la Ley”, asegura.