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Agencia de Eficiencia Energética: “La leña es parte de un sector importante de Chile e ir contra eso es muy complejo”

El timonel de esta entidad independiente dedicada a fomentar la Eficiencia Energética explica cuál es el impacto de este concepto en el desarrollo urbano. Además, Lizana estima que lo fundamental para producir ahorros energéticos, manteniendo la calidad de vida de los hogares es preocuparse de la aislación térmica.

(Pulso) Esta semana se dio inicio al ProyectoHogar+ en las ciudades de Puerto Natales y Punta Arenas. La iniciativa, que comenzó el 16 de abril en 23 ciudades de Chile, consiste en una serie de charlas a trabajadores de la construcción acerca de la importancia de la sustentabilidad para enfrentar, entre otras cosas el cambio climático y generar ahorros económicos en sus hogares y su vida cotidiana.

Esto es parte de uno de los tantos proyectos que realiza la Agencia de Eficiencia Energética (AEE), en materia de educación, que, según el director ejecutivo de esta entidad, Diego Lizana, es una de las claves para mejorar la eficiencia energética (EE) en el país, especialmente a nivel urbano.

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“Creo que es uno de los temas en que estamos aún al debe con respecto al desarrollo de las ciudades, las que han ido creciendo de manera no armónica, muy asociada a los desarrollos industriales que vamos teniendo”, comenta Lizana.

¿Por ejemplo?

—Arica, Antofagasta y el mismo Santiago son buenos ejemplos. Al final este crecimiento “desarmónico”, no programado y menos coordinado entre los distintos actores que pueden estar interviniendo, nos lleva a tener ciudades con grandes congestiones, contaminación y desplazamientos urbanos excesivos entre donde se vive y se trabaja. En este contexto, el tema de EE está al debe, más aún en la forma en que están hechas nuestras viviendas, los espacios comunes, el alumbrado público, las plazas, el desplazamiento y la movilidad sustentable, entre otros elementos.

¿Qué es mejor para saldar esa deuda? ¿Crear una cultura al respecto o generar nuevas leyes?

—Creemos que el tema debería enfrentarse por ambos lados y en eso es lo que estamos trabajando. Existen dos tipos de educación: la formal, asociada a los planes de estudio formativos y la informal, como los postgrados o postítulos que puedes ir obteniendo.

Pero este tipo de educación, en general, apunta a un cambio cultural de mediano o largo plazo (principalmente esto último), lo cual no va a ser solucionado sólo con una ley.

¿Entonces?

—Si queremos acortar estos cambios culturales y forzarlos un poco a nivel de instituciones, de industria y de cifras, obviamente, una ley acelera procesos que recién el cambio cultural lo estaría logrando cada 15 años.

Justamente está dando vueltas el proyecto de ley de Eficiencia Energética.

—Exacto. Por lo que hemos ido escuchando, desde este ministerio estarían apoyando esta la ley, que actualmente es una moción parlamentaria.

Por lo tanto, estarían trabajando sobre ella para sacar la ley definitiva.

Ojalá salga lo antes posible, ya que necesitamos un impulso de este tipo para que los principales consumidores se sumen y vean a través de este método que se logra más productividad, más competitividad y más sustentabilidad.

Tanto para su negocio como para la comunidad y ciudad en que están insertos.

¿Qué elementos clave debería tener dicha ley?

—Si empezamos a integrar a la EE en un concepto de ciudad, es muy importante la electromovilidad. Es la oportunidad de diseñar el concepto de movilidad sustentable, que va a obligar a los urbanistas a diseñar de  otra forma los espacios, los polos industriales, etc. Y ahí, la ley debería empujar más hacia ese concepto.

Aislación, la clave

Hoy existe una gran oferta de sistemas de calefacción que son menos contaminantes, dan más calor y consumen menos. ¿Necesariamente ese concepto está alineado con la Eficiencia Energética?

—Dependerá absolutamente del lugar que quieres calefaccionar, partiendo de la base que, en general, los recintos en donde estamos (tanto las casas como las oficinas), muchas veces tienen grandes problemas de aislación térmica, tanto en los techos como en los muros. Por lo tanto, independiente del tipo de calefacción a utilizar, probablemente siempre va a ser superior a la que se necesitaría si ese recinto estuviese bien aislado. Entender esto es clave, porque las distintas fuentes de calor también generan una sensación distinta.

¿Por ejemplo?

—Una estufa a leña genera un calor inmediato e intenso en un foco específico, el cual se va diluyendo en la medida que te vas alejando hacia el otro extremo de la habitación. En cambio, otros métodos como una estufa radiante eléctrica o incluso, la misma estufa a gas (con radiadores), tienden a homogeneizar el recinto donde están. Pero el problema es que si ese lugar está mal aislado, el calor se va a ir diluyendo, generando polos muy fríos y otros medianamente calientes, por lo tanto la sensación de calor va a ser inferior al excesivo de una leña. ¡Y no es que una sea mejor que la otra! Todo está relacionado a las sensaciones del lugar donde se está.

Y si una casa está bien aislada ¿qué es lo ideal?

—Las estufas eléctricas, que son las mejores desde el punto de vista de la contaminación intradomicilliaria, pueden ser las más eficientes. Pero si está mal aislada, puede ser la peor solución, la menos eficiente y de mayor consumo.

Pero lo eléctrico ¿también es mejor en términos de consumo? No me refiero sólo al de una familia, sino al de una ciudad en general.

—Exactamente. Eso está sumamente relacionado. Si tu casa está bien aislada deberías consumir menos, claramente el consumo eléctrico (si es que se usa calefacción eléctrica), será menos que, por ejemplo, lo que gastan si tus hijos se enferman al tener una mala aislación en temporada de invierno. Al final, todo es parte del costo y puede influir considerablemente, especialmente si son niños con enfermedades bronquiales.

Más que centrarnos en el método de calefacción (que sin embargo es muy importante), yo me centraría en el modelo -desde el punto de vista de las políticas públicas- de fomentar un acondicionamiento térmico de viviendas.

Es difícil culturalmente ir en contra de la leña en ciudades del extremo sur, como Coyhaique.

—Muy difícil. La leña es parte de un importante sector de Chile e ir contra eso es muy complejo e incluso, muchas veces, injusto desde el punto de vista cultural. Por lo tanto, si queremos que la leña disminuya, desde el punto de contaminación primero hay que preferir leña seca.

Pero por sobre todo, disminuir su consumo. Para lograr esto, sin disminuir la calidad de vida de las personas, necesitamos mejorar el recinto.

O sea, un programa de reacondicionamiento térmico que permita disminuir el consumo final.

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