(El Mercurio) Este año el sector agroalimentario navega con muy buen viento: dólar alto, mercados con demanda y buenos precios, producciones estables. Incluso la disponibilidad de mano de obra, cuya escasez en las últimas temporadas había complicado las cosechas, con el estancamiento económico pareciera haber repuntado. Una suma de factores que tienen al agro con una tranquilidad que desde hace tiempo no se vivía.

Es el entorno en que desde hace ocho meses debe desempeñar su función el ministro de Agricultura, Carlos Furche, como el mismo reconoce.

“Sin perjuicio de que no tenga que ver con la gestión, este año vamos a tener un muy buen año agrícola. Creo que el valor del dólar es un factor fundamental, como también los mercados internacionales y la demanda. Pero hay también una cierta combinación virtuosa de políticas públicas en los temas sanitarios y de apertura de mercado. Así, l final del día la resultante es que vamos a tener un sector agrícola que el 2015 será uno de los motores más dinámicos de la economía chilena”.

-Considerando lo anterior, ¿en el país se le asigna al sector el nivel que tiene?

-Aquí hay un tema que tiene que ver con el sesgo urbano, citadino, en nuestro país. A mí me parece que el sector agroalimentario le hace un aporte al desarrollo de Chile -que tiene instituciones solventes, prestigiosas-, que no está acorde con su visibilidad pública. Si uno mira, siempre surge el sector agroalimentario como una base fundamental del desarrollo, con una oportunidad extraordinaria por delante. Parte de nuestra riqueza base para el desarrollo del país, es esto. El aporte que hace es indudable en empleo, en imagen país, en base de avance regional.

-Pero a nivel político, ¿es reconocida esa importancia o Agricultura sigue siendo un ministerio de segunda línea?

-Depende de cómo uno lo quiera medir. La verdad es que el Ministerio de Agricultura es muy activo y muy integrado a la gestión gubernamental. Es parte prácticamente de todos los consejos ministeriales y desde luego del consejo económico de ministros.

-Pero ¿tiene poder o muñeca política para negociar más presupuesto, por ejemplo?

-No tengo nada de qué quejarme al respecto. Efectivamente no es de los ministerios que tienen una mayor asignación de recursos, porque esos están en el área social y es lógico que sea así.

– Sin embargo la agricultura tiene también un ámbito social importantísimo…

-Sí, pero los temas sociales de la agricultura no están recogidos en el presupuesto del Ministerio de Agricultura, sino en otros como Vivienda, Salud, Educación. Eso es razonable, porque el Ministerio de Agricultura no tiene ninguna competencia para poder gestionar recursos en esas áreas. Pero sí me parece que es una parte activa e importante en el rodaje de cualquier gobierno, no sólo de este en particular.

-Su perfil es eminentemente técnico. ¿Le ha pesado en el manejo político?

-No lo siento para nada. Yo participo activamente en política desde que tengo 18 años. O sea, para mi la política no constituye un misterio. Conozco ampliamente a la clase política del país desde hace muchos años. Creo que tengo la experiencia y el conocimiento técnico profesional. Pero el que crea que soy un inepto o un aparecido en política, no me conoce. He sido de todo desde presidente de mi curso para adelante; miembro de la comisión política de mi partido, cuando era de la Izquierda Cristiana. Soy bien celoso de mi perfil técnico profesional, pero no me falta experiencia política.

-Aún así, en la última encuesta usted aparece con un muy bajo nivel de reconocimiento…

-No estoy dispuesto a hacer nada distinto de lo que hago solo por mejorar la figuración en una encuesta. Ahora, como ya le dije a alguien que me lo preguntó, por supuesto que me gustaría ser más conocido, pero sobre todo me gusta ser reconocido, que no es lo mismo. Reconocido como alguien que hace su pega lo mejor que puede y que entrega todo lo que tiene para hacerlo bien. Y me siento muy reconocido… Ojo, que los ministros de Agricultura nunca tienen más de un 30% de conocimiento… En eso hay hay que considerar que los ministros de Agricultura adquieren notoriedad y salen en los medios, solo si hay una desgracia. Ahora, en regiones es distinto. Cuando va el ministro de Agricultura, está en todos los medios. Pero, ahora, las encuestas tienen un sesgo urbano y bastante capitalino.

El drama del agua

En este año con índices positivos, el agua, o más bien la ausencia de ella, se ha convertido en un factor crítico para la producción agroalimentaria.

-Hay zonas, como en el norte, donde la sequía es una catástrofe y si bien se han aumentado los recursos, el problema sigue creciendo.

-Sé que la gente espera más, pero francamente estamos en situaciones límite donde todo lo que podemos hacer es insuficiente porque la situación es demasiado grave. La región de Coquimbo es la que tiene la más importante infraestructura de acumulación de agua, y están todos los embalses vacíos. En el valle de Copiapó hay gente que está sacando agua de 200 metros de profundidad. Y estas dos zonas son de las perlas que tiene nuestra agricultura y tenemos que hacer todo lo posible para impedir que se nos vaya esas fronteras productiva, de donde aún salen primores. Ahora, defenderlas no es fácil. Estamos tratando de armar algo con experiencias de otras partes, como los españoles, en desalinización; la de Israel, con experiencia en desalinización con tecnificación.

Hay que tener claro que tenemos una situación en Chile en que hay menor disponibilidad de recursos hídricos que en el pasado y probablemente no vamos a volver a la situación que teníamos hace 20 o 30 años. Es decir, desarrollaremos una agricultura con menor disposición de recursos hídricos. ¿Cómo se administra esto? Invirtiendo más en acumulación de agua, distribución, tecnificación del riego, siendo mucho más eficiente.

-Pero, ¿quién tiene que invertir?

-Desde luego el Estado de Chile.

-¿Basta con un plan de grandes embalses?

-Ese es mi punto. Tiene que ser en algo más. El país ha apostado en general en una estrategia en que lo fundamental era la red de grandes embalses. Sin abandonar eso, tenemos que enfatizar mucho más los embalses pequeños y medianos y los a nivel predial. Estamos haciendo un programa bien interesante en La Araucanía para construir 400 microembalses en 4 años, básicamente para pequeños agricultores, con Indap, CNR y Secretaría General Ministerial. Eso uno podría imaginarlo en otra escala un poco más grande. El objetivo es permitir aprovechar y encauzar el agua de lluvias y de caudales superficiales que en invierno se llenan.

Es decir, hay que diversificar la inversión. Esto obviamente no se puede hacer solo de la política pública, pero precisamente una de las cosas positivas que tiene la Ley de Riego es que apalanca recursos privados de manera significativa.

La posibilidad de que nos acerquemos a nuestra potencialidad agroalimentaria depende muy esencialmente que mejoremos la inversión y administración de nuestros recursos hídricos. Cuando asumí sabía que el agua era una prioridad, pero no la tenía calibrada al nivel que la tengo hoy de que es una prioridad fundamental para el desarrollo del sector agrícola.

No se expropiarán los derechos

– En ese ámbito la discusión del proyecto de modificación al Código de Aguas, que incluye cambios respecto de los derechos de agua, genera gran incertidumbre en el sector. ¿Qué va a hacer el ministerio en esta materia?

-Primero pongamos las cosas en su contexto… Es evidente que necesitamos un ajuste institucional de envergadura. Las instituciones que importan son 3 o 4, la DGA, la Comisión Nacional de Riego, la Dirección de Obras Hidráulicas, y esas son las que hay que mejorar en su gestión, para que tengan más fuerza institucional.

Luego, se requiere de un ajuste al marco normativo. Entiendo que pueda haber agricultores que se sientan amenazados, pero si uno hace un esfuerzo por una reflexión serena, se ve que hay efectivamente un desajuste. Lo que se está planteando en el proyecto es dar prioridad al consumo humano, prioridad al caudal ecológico, que si no se tiene no sé qué vamos a repartir. Y luego establecimiento de una limitación de 30 años renovables del uso del derecho. Eso estaría ordenando el sistema.

-Pero qué pasa con los derechos existentes, que es de donde surge el temor a la expropiación.

-Es que los derechos de agua existentes no se tocan. No pueden tocarse. Porque es un tema constitucional. Y en el proyecto que envió el Congreso al Gobierno es sobre los derechos futuros.

-Pero si ya no hay agua, ¿sobre qué se van a establecer derechos?

-Pregunté lo mismo, me dijeron que hay más o menos un 10% de los derechos disponibles que no han sido otorgados.

No me parece que en el proyecto se plantee algo que carezca de sentido, sino que va con la línea del escenario actual y sobre todo futuro de menor disponibilidad del recurso. Hay que administrar mejor los intereses que convergen en el uso del agua: agricultores, consumidores. También las mineras y las eléctricas, que son usuarios legítimos.

-Son legítimos, pero está claro que hay un desequilibrio entre la fuerza de una minera y los agricultores…..

-Exactamente, por eso me parece que hay que emparejar la cancha. Por eso necesitamos una institucionalidad mejor.

-Y esta institucionalidad la empareja efectivamente?

-Bueno, eso espero… espero tener una mejor institucionalidad en el Ministerio de Obras Públicas, que es donde está centrado el tema, pero que también tengamos aquí una mejor. Entre las cosas que quisiera dejar es una Comisión Nacional de Riego con mayor cobertura nacional y con más facultades para acompañar los procesos de inversión generados a partir de los recursos que administra.

-¿Considera que la legislación laboral chilena actual está acorde a las necesidades del sector?

-Definitivamente no, y creo que eso es parte de los trabajos que hay que hacer. Es evidente que viene un ajuste a la legislación laboral del país, como lo ha anunciado el Gobierno, y nuestra tarea es que en eso ocurran cosas que no son fáciles de articular. Hay que tener claro que esos ajustes, en lo general, tendrán el sello de favorecer la organización sindical y de facilitar la negociación colectiva. A eso le agregaría la facilidad para la capacitación y la formación de los recursos humanos que permitan ganar productividad por esa vía.

En el sector agrícola es bastante evidente que hay particularidades que lo diferencian de otros sectores productivos desde su marcada estacionalidad hasta el hecho de que desarrolla su actividad en condiciones distintas, en espacios abiertos, y por tanto aquí hay que lograr la cuadratura del círculo, que es favorecer y garantizar la organización y negociación de los trabajadores, sin generar rigideces que atenten contra la productividad y competitividad del sector agrícola.

-¿Ustedes cómo ministerio van a presentar propuestas concretas?

-Nosotros estamos trabajando con el Ministerio del Trabajo. Personalmente he estado varias veces en la mesa laboral. Lo que me parece sustantivo es que en lo que se proponga al Congreso y en la resultante final, el sector quede con una normativa que resguarde ambas cosas, capacidad de organización y negociación, con reconocimiento de las especificidades propias.

-Desde hace tiempo que el sector pide que se amplíe el porcentaje de extranjeros que se pueden contratar…

-No hay evidencias que justifiquen esa demanda. Es perfectamente posible que en momentos particulares haya estrechez de oferta, desde el punto de vista del empleo, pero también tenemos que hacernos cargo de que, como país, estamos en una situación de menor crecimiento y en conse-cuencia el mercado laboral no está estrecho, sino todo lo contrario. No me parece en absoluto necesario promover esa incorporación de mayores trabajadores.

-Aún pensando que cuando se retome el crecimiento, ¿va a aumentar la demanda por trabajadores?

-Hay que tener presente que en la legislación existe la posibilidad de incorporar hasta un 15% de trabajadores extranjeros. Por lo demás es bastante evidente que ha habido abusos al respecto que no avalan esta petición. Francamente no la apoyo. Si se trae gente de fuera, ¿cuál es la consecuencia? Bajan los salarios. No me parece que se pueda fundar la competitividad del sector sobre esa base.

Lucha por la protección sanitaria

-Poco antes de asumir usted señaló a Revista del Campo que una de sus prioridades era la reestructuración del Servicio Agrícola y Ganadero. ¿Se ha hecho?

-Ajustar la situación del SAG era lo más urgente. Dentro de eso había un deterioro de la situación fito y zoo sanitaria, por lo que la estrategia de control de plagas fue una prioridad desde el día uno.

Si bien falta un poco para ver los resultados, soy optimista y creo que conseguimos articular una estrategia común con el sector privado, para varios de los temas más importantes, como el de las plagas, incluida la Lobesia; y también para el sistema de trazabilidad animal que estaba también con cierto deterioro. De hecho quedó reflejado en el presupuesto de 2015, con un aumento en esos ítems.

– ¿Pero qué pasa con la modernización del servicio?

-Esto hay que mirarlo en una perspectiva más larga. Por eso encargamos un trabajo a un grupo técnico ad hoc que nos revisara de manera global el funcionamiento del SAG. Tenemos una muy buena propuesta de modernización que está terminando de afinarse y que espero podamos empezar a ejecutar a partir de 2015. Contempla una modernización en un horizonte de tres años que implica desde reasignación de los recursos humanos hasta reforzamiento de la infraestructura técnica, de manera de dar un salto de calidad en lo que el SAG ofrece.

-¿En qué estarán los énfasis?

-Uno tiene que hacerse cargo de lo que recibió y también del escenario que va a enfrentar la agricultura y el país en los próximos años. Así como en el escenario de los años pasado, la sanidad era la carta de presentación de Chile en los mercados, lo que viene es la garantía de la inocuidad de los alimentos que producimos tanto para los mercados internacionales como para el local. Tenemos aquí dos factores claves: Una mayor competencia, donde la diferencia puede estar dada por la inocuidad y la calidad. Y, en segundo lugar, tenemos consumidores cada vez más informados y cada vez más exigentes. Y por lo tanto aquí es donde tenemos que poner el acento en los años que vienen: conseguir los mejores estándares en inocuidad y en calidad. Eso es lo que nos va a diferenciar, agregar valor y de esa forma garantizar nuestra presencia en los mercados internacionales.

-En cuanto a la labor del ministerio, ¿ ha sido innovadora o es continuista?

-Hay una cierta noción de cambio al poner muy en el centro de toda la labor del ministerio el apoyo a la Agricultura Familiar, tema en que he insistido desde el día uno. Se trata no sólo del Indap, que era el encargado usualmente. El viraje es que el conjunto del Ministerio tiene esa prioridad en su definición de políticas.

-Pero ¿hay propuestas distintas e innovadoras?

-Eso siempre es lo más difícil. Creo que hay algunas cosas interesantes. Por ejemplo, le hicimos ajustes al reglamento del concurso para la ley de fomento al riego, donde buscamos eliminar barreras de acceso, especialmente para la agricultura familiar, con lo que se pretende una mejor focalización geográfica y social. En el caso de la transferencia tecnológica, a mi me parecía que el núcleo investigación-innovación-transferencia tecnológica no está bien estructurado, por lo que montamos un par de proyectos piloto que espero que para el año 2015 puedan permear el conjunto de la actividad, sobre todo en la transferencia tecnológica que se hace a través de Indap.

-¿Qué se viene ahora en términos de apertura de mercados?

-En temas de mercados no es sólo abrirlos, sino que hay que permanentemente seguir trabajando. Y aquí un tema interesante que estamos promoviendo es un trabajo público y privado para identificar qué es lo especial que tiene la producción agroalimentaria chilena, cuáles son sus atributos, que tiene que ver con nuestro clima, nuestra geografía, nuestra gente. Espero que esté antes de la Expo Milán, que será la vitrina más importante que vamos a tener. Ahí queremos poder mostrar qué es lo especial que tiene la oferta de alimentos de Chile.

-Hace algunas semanas la Presidenta dijo que los ministros tendrían que trabajar más…. ¿trabaja poco?

-No. Para nada. He trabajado mucho y con entusiasmo. Sin embargo, cuando voy a terreno, donde trato de conversar con todo el mundo, vuelvo siempre con el corazón un poco encogido, porque uno se da cuenta de que las demandas, las necesidades, las esperanzas de la gente, normalmente van más allá de las posibilidades que uno tiene. Eso no da lo mismo. He tenido el privilegio de ver muy de cerca el Chile profundo, que desde aquí, desde Santiago, no se ve. Este no es un tema de cifras, sino de gente concreta, donde el trabajar más es lo que surge naturalmente.

– Pero, ¿cómo se puede llevar a cabo la orden de la Presidenta?

-Desde luego, en transmitir una voluntad de tratar de responder a las esperanzas de la gente, sin falsear las expectativas, sino siendo transparente y diciendo esto se puede, esto no se puede. Entonces, no siento estar trabajando poco, pero eso que dijo la Presidenta me lo tomo en el sentido de que tenemos que poner lo mejor de nosotros al servicio de lo que nos han pedido o encomendado.