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En estos días ha quedado claro que a pesar de su mal uso, la leña en Chile es y seguirá siendo el principal combustible que usa la mayoría de los chilenos. Así lo declaró recientemente en su visita a la Región de Los Ríos, la Ministra del Medio Ambiente María Ignacia Benítez, ya que de los casi 24 millones de metros estéreo que se consumen anualmente en el país, un 68% es utilizado por consumidores residenciales, en tanto el porcentaje restante se distribuye en consumo público e industrial.

Los escasos estudios realizados en la última década ya nos han entregado un diagnóstico sectorial claro y que no ha variado mucho en los últimos años. Dentro de los principales problemas detectados producto del mal uso de leña están:

• Alta informalidad del mercado: esto se traduce en una pérdida en recaudación de impuestos del orden de los US5 millones anuales, pues el cumplimiento normativo no supera el 10% en algunas normativas relacionadas.

• Multiplicidad de actores: representa uno de los principales problemas para la implementación de programas de fiscalización eficientes y efectivos, pues algunas cifras sitúan en aproximadamente 18.500 productores de leña (Infor 2010) y sobre los 2.500 omerciantes de leña a nivel nacional. (cifra que nunca se ha confirmado).

• Existe una gran variabilidad de formatos y precios de venta de leña: esto conduce naturalmente a que los consumidores no cuenten con la transparencia adecuada al momento de la compra del producto, principalmente en lo que se refiera al costo por unidad adquirida o irregularidad en los precios.

• La mala calidad: es un aspecto crítico que incide directamente en la emisión de material particulado al aire, causante de la contaminación del aire en unas 30 ciudades en el país.

• Pérdida del recurso forestal: al extraerse leña sin planes de manejo autorizados por Conaf, en algunos casos las cortas ilegales superan el 70% del volumen que se extrae para leña.

• Uso de equipos obsoletos y altamente contaminantes: factor relevante, pues dice relación con el usuario, el que muchas veces posee equipos hechizos y viejos que causan mayor contaminación y tienen una baja eficiencia.

• Mala aislación de las viviendas: en Temuco un estudio reciente indicó que más del 90% de las construcciones nuevas no cumplen con los estándares establecidos por norma (aún considerando que la norma no es tan exigente), lo que incide directamente en el consumo de energía y da una mala imagen del rubro de la construcción en general. Mejorar la norma es clave para contribuir con la solución de la mala calidad del aire.

A partir de estos factores, podemos asegurar que el problema no radica en el producto leña, si no en el mal uso que históricamente se le ha dado. En este sentido cabe preguntarse ¿el Estado ha estado a la altura de la situación respecto de las medidas implementadas? Estas son compartidas y aceptadas en general, sin embargo, varios actores de la sociedad civil, entre ellos consumidores, productores, comerciantes, municipios, universidades, investigadores, ONGs, entre otros, creemos que es hora que todos los planes implementados pasen de su etapa “piloto” y se expandan para lograr un efecto real y de impacto frente al gran problema que es la contaminación del aire. Para ello se requiere de una real voluntad política, tal como ya lo han manifestado los comerciantes de leña de todo el país al Ministerio del Medio Ambiente.

Lo anterior supone necesariamente “meter la mano en el bolsillo” y asignar recursos significativos para ampliar los programas de recambio de calefactores, aumento de oferta de leña de calidad, subsidios de aislación de viviendas, mejorar norma de aislación, planes de fiscalización, educación a la comunidad, entre otros.

Al respecto, cabe mencionar que existen 3 proyectos de acuerdo parlamentarios que duermen desde el año 2011 en la Cámara de Diputados y que fueran presentados al Ministerio del Medio Ambiente el mismo año.
No debemos desestimar que a raíz de la prohibición de usar leña en días de alerta sanitaria en Temuco, los consumidores sientan que los están haciendo responsables por un problema que no depende sólo de ellos, y que parte de sus impuestos han sido utilizados para invertirlos en un Plan de Descontaminación que termina al cabo de 10 años con “una alerta sanitaria” que los afecta sólo a ellos.

Entonces, ¿qué pasó con la fiscalización a las construcciones nuevas?, ¿cuál es el impacto real de los programas de recambio de calefactores?, ¿cuánto recurso se ha invertido para generar leña de calidad?, ¿porqué se prohíbe el uso de leña y se fomenta el aumento de su oferta a la vez?, ¿porqué comenzará a regir una norma de emisión si no hay calefactores ni laboratorios acreditados para certificar su cumplimiento?, ¿dónde están los calefactores que cumplen la norma a contar de octubre de este año?, ¿porqué no se ha declarado a la leña como combustible para así fiscalizar de mejor manera su calidad y procedencia?, ¿porqué se excluye el uso de leña certificada en alerta sanitaria, si cumple con la calidad entre otros atributos?, ¿porqué las empresas constructoras no cumplen la norma?. Estas son preguntas comunes que se hacen los ciudadanos por estos días en varias ciudades, no solo en Temuco.

El Sistema Nacional de Certificación de Leña es una iniciativa publico – privada que a través de un Sello distintivo, fomenta el buen uso de la leña en particular y promueve el uso de sus derivados como el pellet, chips y briquetas pero bajo condiciones estándar, es decir, con criterios de sustentabilidad, de calidad y transparencia en su comercialización y consumo.

Hemos levantado una oferta ordenada y estandarizada de leña certificada en el mercado desde el año 2007, todo ello con fondos privados principalmente provenientes del exterior, que han contribuido a crear un mercado diferenciado y han puesto en la discusión pública a la leña.

El año 2009 nuestro sistema levantó una propuesta de Política Dendroenergética para el país, la cual fue presentada a los candidatos a la presidencia de aquel entonces. En dicha propuesta nacida desde la sociedad civil, se abordaba gran parte de los problemas comentados al comienzo. Sin embargo, lo que se ha hecho en materia de políticas públicas dista mucho aún de lo que nosotros hubiésemos querido, pues al día de hoy, la leña a pesar de ser el principal combustible local, aún no es reconocida como combustible y por supuesto, el instrumento de la certificación no ha sido reconocido como medida que contribuya a la solución, sin embargo, en la práctica ha sido capaz de levantar en conjunto con los empresarios del sector una oferta de leña de calidad.

Como institución hemos desarrollado diversos proyectos a la fecha, dentro de los cuales destacan estudios y ensayos de productos y modelos de negocio asociados a la leña y otros derivados dendroenergéticos, y hemos optado por asociarnos con universidades y centros especializados de biomasa en el extranjero, principalmente países europeos que, conscientes de las ventajas que ofrece la biomasa forestal como combustible, han invertido en políticas públicas que promueven e incentivan su uso, pues los efectos positivos que se originan en cuanto a generación de empleos locales, nuevas empresas, manejo del recurso, ahorro energético y aprovechamiento de residuos han convencido a las autoridades para que “se la jueguen” por su uso. Ejemplos sobran: Alemania, España, Suiza, Francia y Austria, con quienes incluso Chile posee ventajas comparativas en términos de cantidad y potencial de crecimiento en sus bosques. No obstante, lo que hoy vemos es que nuestro país no ha valorado su propio recurso ni su potencial energético, careciendo de política pública clara al respecto, y lo que es peor, dando señales de prohibición de su uso, lo que limita fuertemente su mejoramiento y diversificación de uso, coartando la posibilidad de mejorar los mas de 20 mil emprendimientos empresariales asociados a su uso entre pequeños productores forestales y comerciantes de leña.

Hacemos un llamado a las autoridades a que exista una apertura real para discutir políticas relacionadas al sector, pues existen actores con experiencia en distintas iniciativas relacionadas a la leña y que pueden aportar junto a otros actores claves, pues el problema del mal uso de la leña es un problema integral, transversal y con una multiplicidad de soluciones que en su conjunto pueden cambiar la cara de este energético nacional en el mediano plazo.

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