Un domingo triste fue el 1 de febrero para Ítalo Zunino Muratori. Ese día su caballo “Esperando”, regalón y clave de su éxito en el rodeo y en las exposiciones ecuestres, murió. Un duro golpe para este empresario forestal – militante de la Democracia Cristiana- que, en los últimos años, optó por tener figuración pública sólo por ser propietario de Agua de los Campos y Maquena, uno de los criaderos de caballos chilenos más importantes del país.

Atrás quedaron los años en que hizo noticia por integrar el club de los mandamases de la industria forestal, donde se le conocía como el “zar de las astillas”. También los duros momentos que vivió a la cabeza de la Empresa Nacional del Carbón (Enacar), su corta estancia como embajador en Japón y el fracaso del polémico proyecto forestal Cascada.

Ahora, alejado del mundanal ruido, Zunino tiene su cuartel general en la VIII Región, en Los Ángeles, donde nació hace 63 años. Allí es una especie de patriarca: fue regidor y alcalde en los ’70, precandidato a senador en 1997 por la DC, socio del diario La Tribuna e integrante del exclusivo círculo de los agricultores más poderosos del país.

En esa ciudad no sólo sigue manejando una importante operación forestal – concentrada en la hacienda San Lorenzo, que tiene cerca de 40 mil hectáreas y es el predio más grande de esa zona- , sino que allí mide los pasos para su siguiente apuesta.

A la cabeza está su hijo Ítalo Zunino Besnier, quien es el encargado de alistar el debut de la familia en el mercado inmobiliario con un edificio de departamentos en pleno corazón de Providencia. Pero eso no es todo, también está afinando proyectos en el centro de Santiago, asesorado por la firma Stitchkin Corredores Asociados.

Nada de teoría académica, sino que olfato, mucho olfato, e intuición para tomar las oportunidades es lo que guía a Ítalo Zunino a la hora de emprender alguna aventura empresarial. Y es que tan pronto egresó del Liceo Alemán de Los Ángeles empezó a trabajar con su padre – Armando, un inmigrante genovés que llegó a la zona a mediados de la década del 40- en un campo agrícola y forestal.

Pero la ambición de Ítalo, el único hombre entre cuatro hermanas, iba más allá y pronto separó aguas e inició su propio camino.

Su apuesta era la industria forestal, pues veía que ahí había potencial. “A fines de la década del 70 compró su primer fundo: Caupolicán, que quedaba en Purén”, señala un agricultor que lo conoce desde sus comienzos.

Aprovechó la crisis económica de los ochenta para hacerse de más terrenos y aumentar sus plantaciones. “Había muchos campos que estaban con poco trabajo: algunos los explotó y otros los adquirió”, comenta un ejecutivo que trabajó con Zunino.

En 1981 dio el gran paso y entró a las ligas mayores como agricultor. Asociado con la familia Hernández Flaño y con el abogado Guillermo Carey se hizo de la Hacienda San Lorenzo. El predio, que se ubica en el sector cordillerano de Los Ángeles, tiene un valor cercano a los US$ 40 millones.

En esos años nació Maderas Cóndor, la matriz que maneja las plantaciones de Zunino, cuyo patrimonio forestal supera las 10 mil hectáreas, de pino y eucaliptos, que se reparten en campos entre la VIII y X Región.

Pero el despegue venía por vender al exterior y Zunino lo vislumbraba. Por eso fue uno de los pioneros en la creación del Consorcio Forestal en 1977, una trader que reunió a nueve empresas medianas del sector. El objetivo: hacer volumen, abaratar los fletes y exportar.

El Consorcio fue todo un éxito. “Impulsó los envíos forestales. Los primeros mercados que se abrieron fueron Venezuela, República Dominicana, Puerto Rico. Se exportaba madera rústica aserrada de pino y troncos”, recuerda un integrante del grupo.

En los ’80, junto a Arauco y CMPC, el Consorcio se transformó en protagonista de la industria. En esos mismos años y adecuándose al adverso escenario económico, Zunino reestructuró su negocio forestal: cerró el aserradero que tenía en Los Ángeles y se dedicó a exportar sólo rollizos. El cambio fue favorable y llegó a ser el principal actor dentro del Consorcio con embarques por US$ 10 millones anuales, cifra muy alta en esa época.

El boom de las astillas

En 1985, una empresa finlandesa aterrizó en Chile y gatilló un terremoto en la industria al ofrecerle al Consorcio que le vendiera astillas de pino, eucaliptus y nativas, un nicho inexplorado hasta esa fecha. A los escandinavos se sumó pronto la japonesa Marubeni, que puso sobre la mesa del Consorcio un contrato de exclusividad.

El reto no era menor, ya que había que asegurarle el abastecimiento a esa trader asiática y un incumplimiento podía cerrar para siempre ese mercado.

“El tema se llevó al directorio del Consorcio y Zunino fue el primero que se levantó y aceptó suscribir el convenio con Marubeni”, recuerda un ejecutivo del grupo, quien destaca que no temer al riesgo explica parte del éxito empresarial de Zunino.

Al alero de esa operación nació la Compañía Astilladora Concepción (Comaco), que creó junto a su yerno Alejandro Sáenz. En 1992, Zunino tomó el control de la empresa que cuenta con plantas en San Vicente y San Antonio.

Un año más tarde, el Consorcio se disolvió. La oportunidad fue aprovechada por el empresario para dar un golpe maestro y quedarse con el contrato con Marubeni.

“Ése es su mayor activo: tener una relación exclusiva para abastecer de astillas a una de las traders japonesas más importantes”, cuenta un ejecutivo forestal.

La fiebre de los chips (astillas) alcanzó su peak a mediados de los ’90, cuando la tonelada seca se vendía a US$ 140 – hoy está en US0- y fue ese boom el que Zunino supo capitalizar. “Ahí hizo su fortuna, pero su secreto es que reinvertía todo en su negocio, es un hombre muy austero”, relata un amigo del empresario.

Su empresa Comaco exporta actualmente alrededor de US$ 22 millones anuales y sigue estando entre los principales actores de ese mercado.

Su hijo Ítalo Zunino Besnier – ingeniero agrónomo con un MBA en el Massachusetts Institute of Technology (MIT)- , continuando la tradición familiar creó hace unos tres años la comercializadora Productos Forestales (Profor) que exporta a México y Estados Unidos. En 2003 completó envíos por US3 millones.

La década de los noventa tuvo de dulce y de agraz en la trayectoria de Zunino. En busca de nuevas opciones comerciales para la hacienda San Lorenzo se le ocurrió entrar al negocio eléctrico, aprovechando las aguas del río Duqueco que cruza el predio.

En 1996, y gracias a contactos de su socio Guillermo Carey, formó Ibener con las españolas Elecnor e Iberdrola e invirtieron US80 millones en las centrales hidroeléctricas Mampil y Peuchén.

Nuevamente Zunino se arriesgó. La familia Hernández, su otro socio en San Lorenzo, no quiso entrar al tema energético. El empresario le compró y tomó el control de la hacienda al quedarse con el 85% de la propiedad y Carey con 15%.

En paralelo, la sociedad con los españoles le permitió quedar líquido pues les vendió los derechos de agua de San Lorenzo en US5 millones. Una pasada que un colaborador suyo, de esos años, califica de magistral. “Pagaron muy bien”, indica.

Hora de un cambio

Sin embargo, la incursión eléctrica no fue todo lo buena como se proyectó inicialmente. El precio nudo cayó y se hizo necesario hacer aumentos de capital para pagar los créditos comprometidos.

“Zunino decidió retirarse en 2000, en el momento justo, y venderle a Iberdrola. La negociación fue buena porque no perdió plata”, apunta un ejecutivo que trabajó para el empresario.

En 1998 aparece en su camino la forestal norteamericana Boise Cascade. Traía bajo el brazo un proyecto para construir una planta de tableros en Puerto Montt. Zunino, contactado por los bancos, aceptó asociarse sin imaginar la pesadilla que le esperaba.

La persistente oposición de los grupos ambientalistas hizo que la firma estadounidense finalmente desistiera y optara por instalarse en Brasil.

Pero ahí no terminó la relación con Zunino. Boise le ofreció otro negocio: trasladar una planta que tenía en México, que exportaba madera seca y cepillaba a Estados Unidos, a Los Ángeles. Así nació Maderas San Lorenzo, una iniciativa fallida pues logró realizar muy pocos embarques y ahora se dedica a dar a terceros servicios de maquila.

La apuesta inmobiliaria

Apoyado por sus hijos, Ítalo y Miguel, Zunino concentra por estos días sus negocios en la exportación de astillas y rollizos de pino. También tiene una incipiente operación ganadera, con cuatro mil cabezas, en San Lorenzo.

Allí está introduciendo con éxito una de las mejores razas de vacuno de Estados Unidos. Para eso importó 20 embriones de Minnesota (EE.UU.) cuya gestación ha sido alentadora.

Lo más nuevo, sin embargo, es su debut en el negocio de la construcción en Santiago. Aunque es su hijo Ítalo el que aparece a cargo de esta aventura, a través de la inmobiliaria Agua Buena, se sabe que es la familia Zunino en pleno la que está detrás.

Asesorada por la firma Stitchkin Gestión Inmobiliaria está tramitando los permisos para levantar un edificio habitacional en Condell con Providencia. El paño de cuatro mil metros cuadrados albergará 380 departamentos de precios que oscilarán entre las 1.000 y 2.500 unidades de fomento.

La comercialización partirá en abril del próximo año y la iniciativa demandará una inversión de US0 millones.

Pero no es lo único. En fuentes bien informadas trascendió que la familia maneja bajo siete llaves una amplia carpeta de proyectos en el centro de Santiago. La idea es entrar al nicho que se abrió con la renovación urbana, apuntando al segmento C2 y C3.

Zunino sabe de competencias. Tomó firme las riendas y apuesta a ganador en el atiborrado mercado inmobiliario. Dicen que tiene fe en que saldrá victorioso, mal que mal está acostumbrado a acumular trofeos.

El señor de los caballos

A Armando Zunino no le gustaban los caballos, pero su único hijo hombre, Ítalo, resultó ser un fanático. Primero fue la práctica de la equitación que, hace 30 años, reemplazó por la crianza de estos animales.

Asociado con Manuel San Martín creó Agua de los Campos y Maquena, un criadero cuyo control tomó hace 10 años y que cuenta con unos 150 ejemplares.

Al principio su afición era más bien amateur, pero tras comprar el potro “Esperando” ingresó a la primera división del rodeo y las exposiciones ecuestres.

Y no ha dejado de cosechar éxitos, tanto que su criadero se ubica entre los tres más importantes del país junto con Santa Isabel (de Agustín Edwards) y Lo Miranda (de Gonzalo Vial). Ganó dos veces el Campeonato Nacional de Rodeo de Rancagua y se considera que su caballo “Canteado” es uno de los mejores potros de todos los tiempos.

El rodeo para criadores marcó su regreso como jinete. De hecho, es el que tiene más colleras clasificadas para la final que se realizará en Los Ángeles a mediados de abril.

Pero la crianza de caballos no es sólo un hobby romántico. Como Agua de los Campos produce más caballos de los que Zunino necesita, cada año hace un remate. En el último, el promedio que obtuvo por potro fue de millones y recaudó un total cercano a los 00 millones. Además ha exportado ejemplares a Argentina.

También ha sido una fuente de contactos sociales. Sus principales amigos hoy están ligados al rodeo: Gonzalo Vial, el dueño del holding Agrosuper, y el criador César Núñez figuran entre sus más cercanos.

La esquiva arena política

Si el “signo”, como dicen en el campo, ha acompañado a Ítalo Zunino en los negocios, la suerte le ha sido más esquiva en el plano político. Democratacristiano desde muy joven, es un militante activo y “con sus cuotas al día”.

Por esa colectividad llegó a ser regidor y alcalde de Los Ángeles en los ’70.

Aunque no se le vincula con ninguna corriente dentro de la DC, es muy cercano al ex Presidente Patricio Aylwin. Ese vínculo partió cuando Aylwin – siendo albacea de un importante terrateniente de la VIII Región- le vendió un fundo a su padre Armando Zunino.

La amistad perduró con los años e incluso cuando Aylwin fue Presidente no sólo pasaba sus vacaciones en la hacienda San Lorenzo, sino que le encomendó importantes misiones.

Al llegar a La Moneda, lo nombró embajador en Japón en 1990, pero la experiencia no fue buena. Zunino y su esposa nunca lograron acostumbrarse y a los 12 meses renunció al cargo.

Un año después, su amigo el Presidente volvió a requerir de sus servicios. Ahora para que se hiciera cargo de la problemática Empresa Nacional del Carbón (Enacar). Una compañía estatal en crisis y que arrastraba una deuda de 0 mil millones.

Su tarde fue dura: tuvo que hacer drásticas reducciones de personal para bajar el déficit, lo que le valió las protestas de los mineros.

El paso por Enacar, firma que dejó en 1994, le significó fuertes roces con los parlamentarios de la Concertación por esa zona.

Tres años más tarde su nombre se propuso como precandidato a senador de la DC por la VIII Región Cordillera. El otro postulante era Mariano Ruiz-Esquide, quien iba a la reelección.

El partido se inclinó finalmente por este último, lo que generó una profunda molestia en Zunino y un distanciamiento de su amigo Aylwin. “Ítalo (Zunino) sintió que Aylwin no lo había apoyado lo suficiente, que no se la jugó por él”, comenta un correligionario.

Identidad:

Ítalo Zunino Muratori

Edad: 63 años.

Estado civil: casado, seis hijos.

Estudios: Liceo Alemán, del Verbo Divino.

Trayectoria empresarial: dueño de Maderas Cóndor, Comaco, Maderas San Lorenzo, Hacienda San Lorenzo, sociedad Agrícola y Ganadera Santa Magdalena, criadero Agua de los Campos y Maquena, entre otras.

Cargos: alcalde de Los Ángeles (1972); embajador en Japón (1990-91) y presidente de Enacar (1992-1994).

Fuente: El Mercurio